Me pasa algo muy raro con Jeff Buckley. Lo escucho religiosamente cada dos veranos, desde que me contaron su historia y me mostraron su único disco de estudio en febrero del 2000, antes de entrar a la media. No sé qué onda. Amo su música, pero la reviso con intervalos muy prolongados, aunque con una frecuencia definida. Es extraño.Desde enero, siguiendo con mi ritual, volví a caer. Aunque ahora me dio más fuerte que nunca, porque con Internet en la casa pude bajar mucho material más. Sin embargo, hay otro asunto sobre Jeff Buckley que me ronda en la cabeza y es el verdadero motivo de este post.
Lo que ocurre es que muchos de mis amigos no lo conocen. Gente muy distinta entre sí, desde un abogado treintón, hasta una colegiala medio brit, pasando por un proyecto de rockero y periodista. A todos los he mirado sorprendido y les he dicho: "¿¡No cachai a Jeff Buckley!?"
Quizás, soy muy limitado, pero me cuesta entender por qué no es una archimegarequeteultrahiper estrella de rock, conocida por todos. Su cara debería estar en poleras y stenciles, sus frases en nicks de MSN y sus melodías hechas ringtones. Así como Lennon o Cobain, que hasta mi abuelita los ubica. No exagero al compararlo con ellos, el tipo tiene méritos suficientes como para hacerlo. Basta con revisar un poco de su biografía.Nació en California en 1966, hijo único de una pareja que se divorció dos años después. En 1975, sufrió la muerte de su padre (Tim Buckley, también músico) por una sobredosis de drogas. Realizó sus estudios musicales en el Musicians Institute de Hollywood (otros egresados conocidos son John Frusciante, Rivers Cuomo, Paul Gilbert y nuestro compatriota Ángel Parra, padre), período al que luego se refirió como "la más grande pérdida de tiempo".
Ya convertido en guitarrista y cantante, en noviembre del 93 debutó con un EP en vivo, llamado Live at Sin-é. La gira de conciertos para apoyar aquel lanzamiento tuvo entre sus asistentes a Chris Cornell y Chrissie Hynde, de The Pretenders. Nada mal para un novato. Luego, en agosto del 94, vio la luz su primer largaduración, el maravilloso Grace.
Nada que yo escriba puede hacerle justicia a la belleza de sus canciones. Aunque igual puedo intentarlo, sabiendo que no lo voy a lograr. Grace es un disco perfecto, desgarrador, digno de escalofríos en la espalda y lágrimas de emoción. Una obra maestra de pies a cabeza y la demostración del genio compositor e interpretativo de Buckley.
Los elogios llegaron por medio de la prensa, pero también a través de sus colegas. Su lista de fans de larguísima, tan enorme como la importancia de algunos de ellos: Paul McCartney, Robert Plant, David Bowie, Bob Dylan, Elvis Costello y Thom Yorke (estoy seguro de que The Bends no existiría, de no ser por Grace), por citar unos cuantos.
A pesar de eso, las ventas nunca fueron tan rápido, aunque tampoco se podían considerar un fracaso. Además, la fama no estaba en los intereses de Buckley, quien lo dejó claro cuando en 1996 se lanzó a tocar en pequeños cafés, sin avisar, usando solamente apodos. Después, vino la preparación de su fallido segundo disco, a titularse My Sweetheart the Drunk.
El 28 de mayo del 97, en la noche, le contó a su novia, Joan Wasser, que creía padecer de personalidad bipolar y que ese era el motivo de sus problemas anímicos. El día después, su banda viajó a reunirse con él, para comenzar a grabar. Mientras tanto, Buckley decidió ir a bañarse al Wolf River, un pequeño afluente del Mississippi, en compañía de Keith Foti, roadie de su grupo.
Foti cuenta que el músico, vestido y cantando Whole Lotta Love, de Led Zeppelin, se internó en el río y desapareció. Esa misma noche, comenzaron los operativos de búsqueda, sin resultados. Para peor, tuvieron que ser suspendidos el día siguiente, debido a fuertes lluvias. 72 horas después, un turista vio el cuerpo y dio el aviso. Jeff Buckley estaba muerto.
Las autopsias revelaron que no hubo sobredosis, pero nunca quedó claro si se trató de un suicidio o un accidente. Lo que sí es cierto es que fue una tragedia, pero también es una de las mejores historias del rock and roll. Y todavía no termina de ser escrita. A la fecha, hay varios discos póstumos (con demos o grabaciones en vivo), covers, documentales y hasta canciones inspiradas en él, como la bella Memphis, de PJ Harvey.
Al final, vuelvo al punto de partida. No comprendo cómo semejante leyenda no forma parte del inconsciente colectivo. De verdad me resulta imposible. Tampoco me interesa buscar culpables