La experiencia Whitley

junio 07, 2008

Dicen que uno valora más lo que le cuesta conseguir, porque la naturaleza humana es una hueá bien loca así : un poco displicente con lo fácil y más dada a querer lo obtenido con esfuerzo. Algo parecido pensé mientras escuchaba por primera vez The Submarine, el debut del cantautor australiano Whitley, a quien dediqué dos posteos en marzo. Justamente, la segunda ocasión en que escribí sobre él, me centré en que no podía encontrar el álbum por ninguna parte y eso, como a cualquier melómano un tanto obsesivo le pasaría, estaba empezando a molestarme.

Tuve que pasar meses con la desagradable sensación de querer el disco y no poder encontrarlo. Pero, a veces, de verdad "querer es poder". Sucede que, luego de postear en la web de una comunidad de folktronica, rogando de rodillas pidiendo que lo subieran, un dadivoso desconocido de quizás qué parte del mundo se apiadó de mí y lo hizo. Apenas tuve The Submarine en mi poder, empecé a degustarlo con una sonrisa de satisfacción que terminó siendo kilométrica, a medida que avanzaba y me parecía que cada track superaba al anterior.

Podría deshacerme en halagos para Whitley y usar muchos epítetos para exaltar su música, pero voy a bastarme de un solo argumento para explicar por qué me gusta. Creo que el tipo sabe, sin querer queriendo, cómo hacer esa clase de canciones que me emocionan hasta provocarme escalofríos. Así de visceral, nomás. Ante eso, no queda más opción que rendirse. Por algo dicen que el corazón se manda solo y justo al mío le da por latir más fuerte cuando suenan temas como estos: